Participo en un curso de la Escuela de escritores. Esta semana debíamos trabajar la metáfora, para lo cual nos proponen diversos ejemplos. Entre todos ellos destacan los realizados por los alumnos de una escuela argentina, en un ejercicio que titularon Juguemos a imaginar:
La montaña
—La punta de un lápiz para escribir en las nubes (Miguel Enrique Arancibla, 8 años)
Las vacaciones
—Un pájaro que canta (Juan C. Madeo, 12 años)
La lluvia
—El susto de los gatos (Daniel Sosa, 9 años)
El frío
—Un esquimal desnudo sobre el hielo (Juan Ramón Núñez Locatelli, 9 años)
La verdad
—Un reloj dando las doce en punto (Marcelo Claudio Sappone, 10 años)
La mentira
—Una pelota pinchada (Claudio Hugo Quintero, 11 años)
—Un saco con los bolsillos rotos (Omar Andrés sosa, 10 años)
La escuela
—Una jaula con pájaros cantando (Hugo Lisardo Capparelli, 10 años)
El padre
—Una manzana dulce (Ángel Jesús Blanco, 10 años)
El dolor
—Una gota de lágrima (Sergio Javier Madrazo, 8 años)
La tristeza
—Una casa que se llueve (Ramón Ángel Rodríguez, 11 años)
El miedo
—Un muerto vivo (Francisco Mario Fortunato, 8 años)
—Un mono chillando (Claudia Inés Rivarola, 9 años)
La noche
—Un perro que ladra y no se ve (Marcelo Ernesto Notar, 8 años)
—Un campo muy oscuro (Andrea Vivián Calautti, 8 años)
—Un monstruo en la oscuridad (Silvia Alejandra Noschesi, 8 años)
—Una camiseta negra que se pone el día (Ana Rosa Rey, 8 años)
—Una nube negra (Ricardo Evaristo Yapura, 8 años)
—Una lechuza silbando despacito (Rubén Darío Mamani, 9 años)
El peligro
—Un pozo enfurecido (Roberto Sebastián Magumo, 11 años)
El relámpago
—Un reloj que marca el mal tiempo (Adriana Andrea Mattiasich, 7 años)
Las nubes
—Autos de nieve y granizo que pasean por el cielo (Hugo Enrique Tais, 8 años)
La muerte
—Una casa sin puertas (Miguel Ángel Reina, 10 años)
El teléfono
—Una banana que habla (Armando Nelson Bugos, 9 años)
El barco
—Un pez con hélice (Edgardo Francisco Figueroa, 9 años)
La guerra
—Una ametralladora tirando tiros (Néstor Ruso Díaz, 9 años)
La envidia
—Un cuchillo con espinas (Patricio del Valle, 9 años)
La abuela
—Un moño arrugado (Elda Eugenia Enríquez)
—Un árbol perdiendo las hojas (Alejandro Adolfo del Valle, 11 años)
El abuelo
—Un perro cariñoso (Adolfo Aguilar, 12 años)
—Un pizarrón escupiendo (Fabián Jorge Migliorini, 10 años)
El cielo
—El techo celeste del techo de las casas (Héctor Bonamo, 11 años)
El viento
—Un silbido que baja del cielo (Roberto Raúl Paredes, 8 años)
La familia
—Una mandarina con gajitos dulces (Rossana Teresita Montero, 9 años)
La alegría
—Un pájaro de muchos colores (Fernando Arturo Tolava, 9 años)
La madre
—Una pera con pelos (Miguel Edgar Lange, 9 años)
—Una manzana con piernas (Marcos Alberto Epstein, 9 años)
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23.7.07
3.7.07
El circo de la vida.
Como una carpa gigantesca de colores planos se extiende el cielo. Picas metálicas fijan los vientos que dioses contradictorios tensan y revisan a diario. En el centro, vertical, inquebrantable, un mástil de esperanza y comprensión une tierra y lienzo. Sogas, cuerdas y trapecios se balancean expectantes, allá en lo alto. Llega imperceptible un olor polvoriento y húmedo por el que atraviesan algunos rayos de luz con esfuerzo.
Nos disponemos otra mañana a presenciar el espectáculo. Suenan unos compases casi alegres, impregnados de una sonoridad brillante. Acompañarán a cada actuación con un aire marcial amargo. Pronto desfilarán, cubiertos por mallas y lentejuelas, pulcramente maquillados, los payasos –prestos a la broma y la sonrisa, con un corazón lúgubre y maltrecho-, funámbulos y equilibristas –capaces de alcanzar, en un inquietante paseo, el final de un mes apurado-, los magos de la contorsión, los domadores de fieras con zarpas intactas.
Horas después, cuando se silencian las luces y se oscurecen los aplausos, uno se pregunta si sólo ha sido espectador callado. O, en realidad, un protagonista más de toda aquella algarabía.
Nos disponemos otra mañana a presenciar el espectáculo. Suenan unos compases casi alegres, impregnados de una sonoridad brillante. Acompañarán a cada actuación con un aire marcial amargo. Pronto desfilarán, cubiertos por mallas y lentejuelas, pulcramente maquillados, los payasos –prestos a la broma y la sonrisa, con un corazón lúgubre y maltrecho-, funámbulos y equilibristas –capaces de alcanzar, en un inquietante paseo, el final de un mes apurado-, los magos de la contorsión, los domadores de fieras con zarpas intactas.
Horas después, cuando se silencian las luces y se oscurecen los aplausos, uno se pregunta si sólo ha sido espectador callado. O, en realidad, un protagonista más de toda aquella algarabía.
25.6.07
Premio.

De Peregrina, cuyo blog “Puertas” ha sido un referente para mí desde que lo conocí, recibo un mensaje a modo de aprobación y aliento. En él dice otorgarme un premio: el Thinking Blogger Award.
Entre nosotros existe una amistad que va más allá de estas páginas. Quiero pensar que es el motivo por el que se ha decidido por mí en detrimento de tantos otros mejores que yo.
Las reglas me obligan a escoger a cinco “blogs”, con lo que tienen de engorroso y desagradable estas elecciones. Por orden alfabético son:
Carz y su “blog” Desde lo que llamáis nada.
NoSurrender y su “blog” El lagarto en tu laberinto.
Sergi Bellver y su “blog” Alas de albatros.
Una hija de puta con clase y su “blog” Me toco luego existo.
Ybris y su “blog” Vacío.
Éstas son las reglas:
Entre nosotros existe una amistad que va más allá de estas páginas. Quiero pensar que es el motivo por el que se ha decidido por mí en detrimento de tantos otros mejores que yo.
Las reglas me obligan a escoger a cinco “blogs”, con lo que tienen de engorroso y desagradable estas elecciones. Por orden alfabético son:
Carz y su “blog” Desde lo que llamáis nada.
NoSurrender y su “blog” El lagarto en tu laberinto.
Sergi Bellver y su “blog” Alas de albatros.
Una hija de puta con clase y su “blog” Me toco luego existo.
Ybris y su “blog” Vacío.
Éstas son las reglas:
1. Escribe un "post" como éste con 5 "links" de “blogs” que te hagan pensar.
2. "Linkea" a este "post"; de esta manera se podrá encontrar el origen exacto de este premio de enlace.
3. Opcional: muestra con orgullo el "Thinking Blogger Award" con un "link" al "post" que tú escribiste.
18.6.07
Esclavitud.

Me resulta extraordinariamente difícil comprender, en según qué circunstancias, al hombre.
Hace unos días leí en la prensa la noticia de la liberación de 217 esclavos en China, de los cuales veintinueve eran niños. Al parecer los secuestraban en aldeas, siendo obligados a trabajar en fábricas de ladrillos. Fue la denuncia en Internet y en diversos blogs, al ver que padres desesperados buscaban a hijos desaparecidos, lo que motivó una inspección por parte de la policía en unas siete mil quinientas factorías. Obligados a trabajar jornadas de hasta veinte horas, eran apaleados y alimentados con poco más que pan y agua. Uno de los guardas fue detenido por haber matado a martillazos a uno de los trabajadores.
Me pregunto qué resortes son necesarios activar para que un ser humano llegue a manifestaciones de crueldad tan extremas contra otro. Y qué debe sentir una vez pulsados.
Hace unos días leí en la prensa la noticia de la liberación de 217 esclavos en China, de los cuales veintinueve eran niños. Al parecer los secuestraban en aldeas, siendo obligados a trabajar en fábricas de ladrillos. Fue la denuncia en Internet y en diversos blogs, al ver que padres desesperados buscaban a hijos desaparecidos, lo que motivó una inspección por parte de la policía en unas siete mil quinientas factorías. Obligados a trabajar jornadas de hasta veinte horas, eran apaleados y alimentados con poco más que pan y agua. Uno de los guardas fue detenido por haber matado a martillazos a uno de los trabajadores.
Me pregunto qué resortes son necesarios activar para que un ser humano llegue a manifestaciones de crueldad tan extremas contra otro. Y qué debe sentir una vez pulsados.
14.6.07
Ella y la orgía perpetua.

Recientemente adquirí un libro. Más exactamente debería decir, otro libro: Ella y la orgía perpetua. Es una cuidada selección de textos de uno de los blogs más interesantes de la red: la orgía perpetua. Tuve la suerte de conocer a su autora -Ana Muñoz de la Torre-, de charlar con ella sobre su obra y de lograr, incluso, que plasmara en él, de su puño y letra, un "querido".
Por cuanto de ella he aprendido, por su afecto, pero sobre todo por la calidad y la coherencia con las que escribe, me permito recomendar sus páginas.
13.6.07
La librería La Tralla.
La librería La Tralla de esta honda ciudad es un cálido rincón en el que grupos de dos, tres o hasta cuatro escalones dan paso a diferentes niveles. Se entrelanzan los espacios como en un laberinto. Paredes cubiertas de libros flanquean a quienes la recorremos como Teseos.
Ayer fui con mis hijos de dos años y medio en busca de alguna antología de cuentos de Chéjov. Caminaban con seguridad por sus pasillos. Se paraban ante alguna estantería -imagino que por el magnetismo de los colores- y miraban con atención los libros que la contenían. Parecían proyectos de lector inacabados.
Cogí uno de los puntos de libro impresos con publicidad, nos sentamos en el suelo y, colocando las manos de ambos como si fueran las hojas de un ejemplar diminuto, les expliqué la forma de usarlo para no olvidar dónde había terminado la lectura.
Libros, libros y más libros con mis dos hijos al lado ¿qué más se puede pedir?
Ayer fui con mis hijos de dos años y medio en busca de alguna antología de cuentos de Chéjov. Caminaban con seguridad por sus pasillos. Se paraban ante alguna estantería -imagino que por el magnetismo de los colores- y miraban con atención los libros que la contenían. Parecían proyectos de lector inacabados.
Cogí uno de los puntos de libro impresos con publicidad, nos sentamos en el suelo y, colocando las manos de ambos como si fueran las hojas de un ejemplar diminuto, les expliqué la forma de usarlo para no olvidar dónde había terminado la lectura.
Libros, libros y más libros con mis dos hijos al lado ¿qué más se puede pedir?
10.5.07
Los impuntuales.
Leo en un diario de la red:
“Perú lanzó una campaña por la puntualidad: El presidente Alan García hizo sonar una campana y dio inicio a la campaña nacional para desterrar la impuntualidad de Perú. (…) Ser puntual es respetar al prójimo... Terminar con la impuntualidad significa también engrandecer a la patria.”
Dicen los científicos que el tiempo no existe. Que es una invención del hombre para poder dar una explicación racional a muchos procesos que se producen a su alrededor. Sea como fuere, algunas personas viven como si realmente no existiera: los impuntuales.
Los impuntuales son una especie de raza distinta. Externamente apenas se diferencian del resto de las personas: viven, se reproducen, trabajan y orinan exactamente igual que los demás. A lo sumo podría apreciárseles un levísimo gesto de despreocupación. Pero ése no es un síntoma universal. Viven como si fueran guardianes del tiempo –del propio y del ajeno- y lo dosifican con una arbitrariedad peculiar. La misma media hora que a uno se le hace eterna, para ellos no tiene más peso que el de unos escasos cinco minutos. Definitivamente el tiempo es elástico. Y su medida ambigua.
Los impuntuales aparecen en las reuniones, generalmente, con la mirada perdida. Al contemplar las caras de reproche de los demás, esbozan un gesto de extrañeza y balbucean un asombrado “¡¿Pero qué pasa?! “
Poseen una creatividad superior a la media. La ejercitan con los más variopintos argumentos para dar credibilidad a las razones de su retraso. Son como imanes de la mala suerte, pues sólo así se entiende que todas las averías les sucedan a su medio de transporte.
La salud de esta sub-raza supera la media nacional: no se conocen casos graves de úlceras. Y las cardiovasculares les son diagnosticadas en pocas ocasiones.
Yo no afirmaría que la puntualidad, como dice el presidente del Perú, engrandezca a una patria. Lo que sí es seguro es que a mí la impuntualidad me repatea.
“Perú lanzó una campaña por la puntualidad: El presidente Alan García hizo sonar una campana y dio inicio a la campaña nacional para desterrar la impuntualidad de Perú. (…) Ser puntual es respetar al prójimo... Terminar con la impuntualidad significa también engrandecer a la patria.”
Dicen los científicos que el tiempo no existe. Que es una invención del hombre para poder dar una explicación racional a muchos procesos que se producen a su alrededor. Sea como fuere, algunas personas viven como si realmente no existiera: los impuntuales.
Los impuntuales son una especie de raza distinta. Externamente apenas se diferencian del resto de las personas: viven, se reproducen, trabajan y orinan exactamente igual que los demás. A lo sumo podría apreciárseles un levísimo gesto de despreocupación. Pero ése no es un síntoma universal. Viven como si fueran guardianes del tiempo –del propio y del ajeno- y lo dosifican con una arbitrariedad peculiar. La misma media hora que a uno se le hace eterna, para ellos no tiene más peso que el de unos escasos cinco minutos. Definitivamente el tiempo es elástico. Y su medida ambigua.
Los impuntuales aparecen en las reuniones, generalmente, con la mirada perdida. Al contemplar las caras de reproche de los demás, esbozan un gesto de extrañeza y balbucean un asombrado “¡¿Pero qué pasa?! “
Poseen una creatividad superior a la media. La ejercitan con los más variopintos argumentos para dar credibilidad a las razones de su retraso. Son como imanes de la mala suerte, pues sólo así se entiende que todas las averías les sucedan a su medio de transporte.
La salud de esta sub-raza supera la media nacional: no se conocen casos graves de úlceras. Y las cardiovasculares les son diagnosticadas en pocas ocasiones.
Yo no afirmaría que la puntualidad, como dice el presidente del Perú, engrandezca a una patria. Lo que sí es seguro es que a mí la impuntualidad me repatea.
23.4.07
Apadrinar una palabra
Nuestra sociedad, tan tecnológica, tan telecomunicativa, está llevando al idioma –a cualquier idioma- a una rapidísima degradación. Algunos dirán que es evolución. Lo que está claro es que entre mensajes de móviles, "chats" de Internet, falta de preparación en las escuelas y la pereza natural de todo hijo de vecino, cada día escribimos peor. Muchas palabras y expresiones se están perdiendo para siempre. Nos preocupamos mucho por las especies animales en vías de extinción, no me parece mal, pero deberíamos analizar qué palabras dejarán de formar parte de nuestro vocabulario, seguramente para siempre.
La Escuela de Escritores ha emprendido una interesante iniciativa: apadrinar palabras “en vías de extinción o, para predicar con el ejemplo y rescatar del desuso el término exacto que las designa, palabras obsolescentes.” En “Cien años de soledad” leíamos: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” Si sigue esta tendencia a eliminar vocales por economizar, a utilizar la “k” en lugar de nuestra querida y quizá quejumbrosa “q”, llegará un día no muy lejano en el que nuestros nietos deban salir a la calle con un palo para poder señalar las cosas.
Yo me decidí por “zafar”, un bellísimo verbo con nueve significados en el diccionario de la RAE. De poco le sirvió su extensa polisemia, pues tiene los días contados.
Pero al dar un repaso al inventario de palabras apadrinadas, uno se encuentra con algunas tan evocadoras como: abalorio, acicalar, alberca, bagatela, brizna, cinematógrafo, catecúmeno, cáspita, haragán, linotipista, lupanar, naranjada, palangana, palíndromo, paupérrimo, puñetas, zagal, zahúrda, zalamero…
No creo que la labor que han emprendido frene la desaparición de todas ellas, pero el simple hecho de que me hayan dado un motivo para escribir estas líneas y el que en ellas aparezcan algunas de sus palabras, hace que para mí, su esfuerzo, ya haya valido la pena.
La Escuela de Escritores ha emprendido una interesante iniciativa: apadrinar palabras “en vías de extinción o, para predicar con el ejemplo y rescatar del desuso el término exacto que las designa, palabras obsolescentes.” En “Cien años de soledad” leíamos: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” Si sigue esta tendencia a eliminar vocales por economizar, a utilizar la “k” en lugar de nuestra querida y quizá quejumbrosa “q”, llegará un día no muy lejano en el que nuestros nietos deban salir a la calle con un palo para poder señalar las cosas.
Yo me decidí por “zafar”, un bellísimo verbo con nueve significados en el diccionario de la RAE. De poco le sirvió su extensa polisemia, pues tiene los días contados.
Pero al dar un repaso al inventario de palabras apadrinadas, uno se encuentra con algunas tan evocadoras como: abalorio, acicalar, alberca, bagatela, brizna, cinematógrafo, catecúmeno, cáspita, haragán, linotipista, lupanar, naranjada, palangana, palíndromo, paupérrimo, puñetas, zagal, zahúrda, zalamero…
No creo que la labor que han emprendido frene la desaparición de todas ellas, pero el simple hecho de que me hayan dado un motivo para escribir estas líneas y el que en ellas aparezcan algunas de sus palabras, hace que para mí, su esfuerzo, ya haya valido la pena.
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