31.8.07

José Tomás, de purísima y oro.

"Mis hijas no han visto nunca (ni ganas) una corrida de toros: pa lo que había que ver... Pero su padre les contará, babeando de orgullo y emoción, que una tarde en Linares, en el 60º aniversario de la muerte de Manolete, parece que fue ayer, y minutos antes del torniquete de corbatín que no impidió que regara la arena con su sangre, le brindó un toro José Tomás, esta vez, sí, de purísima y oro.

La historia viene de lejos: hasta el abajo firmante, en el dorado ocaso de Curro y Antoñete, estaba a punto de pedir el carné de miembro de la sociedad protectora de animales, cuando empezó su vida pública José Tomás. Como tantos otros que, después de 20 años, o de 60, ayer, en Linares, han vuelto a las plazas para respirar ese perfume de verdad, de misterio y de leyenda que solo él encarna a manos llenas. Nadie que uno haya seguido respeta tanto al toro y a sí mismo hasta el punto de no concederse la más mínima ventaja. Nadie. Su terreno es el del toro. Lo he paladeado en sus cuatro etapas: al principio, la revelación; antes de retirarse, la duda; retirado ya, la tortura interna, la reflexión y, por fin, en su gloriosa y apasionada vuelta, la insobornable madurez, la confirmación cabal de la leyenda. Lo he aplaudido, he sufrido y gozado con él, de qué manera, en Barcelona, Madrid, Lima, El Puerto, Almería, Linares, etcétera. Estuve en la Monumental, del brazo de Serrat, soportando en trance la kale borroka antitaurina la tarde de su ruidosa reaparición. Incluso alguna vez, hace un lustro, me sorprendí a mí mismo en un tendido de Las Ventas peleándome a gritos -sí, como un energúmeno, ¿pasa algo?- con los inevitables antitomistas (los maniqueos, ¿recuerdan?). He disfrutado de su palabra, tan sabia como escasa, de su inquietante mirada y de su noble amistad estos años de ausencia de los ruedos y puedo asegurarles que si, como decía el clásico, se torea como se es, no hay mejor paradigma que Tomás. ¡Qué falta hacía! Como es carne de copla y de soneto he escrito mucho sobre su arte, pero siempre se queda uno tan corto... ¿Cómo estar a la altura de la sangre? Empecé a sospechar cuando me hizo saber por terceros, con exquisita discreción, que quería invitarme a Linares. En el viaje de ida corneaban isleros mi barriga. Hotel Cervantes. Dos entradas de barrera. Como en una postal sepia me acordé de mi padre, con quien iba de niño a la feria de san Agustín. Mesa camilla y pantalones cortos. Sabía, eso sí, que haría el paseo de purísima y oro. No como Manolete, que fue de palo rosa, sino como la licencia cromática que me permití en una canción que ayer acabó de unirnos para siempre.

Tendido 2. Bordados de capote en la barrera. Allá se vino con esa solemne naturalidad marca de la casa que atesora como un sacerdote que oficiara un rito pagano y olvidado. Yo me desmonteré también, temblando (pedazo de panamá, oiga). No diré lo que dijo en el brindis. Eso queda para mí. Pero supe lo que se siente con una montera húmeda en la mano cuando el torero, mi torero, se inmola en el culto sagrado de la vergüenza torera, la pasión y la sangre. También sé que no podré explicarlo. Me haría falta la pluma de Joaquín Vidal con ese tono tan suyo de moderno revistero antiguo. Luego la enfermería, la del cloroformo, la de Manolete, y después los teléfonos ardiendo en el hospital ya de vuelta a Madrid, con una luna como de albero, más redonda y más naranja que nunca, porque toco mañana en Illescas, y con Vinatero (así se llamaba el de Núñez del Cuvillo) esta vez en la barriga y estatuarios en el alma, sintiéndome, perdonen la arrogancia, casi culpable. Cúchares me dispense pero no puedo dejar de pensar que, no tan inconscientemente, el de Galapagar hizo lo posible y hasta lo imposible, porque el toro se las traía y miraba y avisaba, para estar en la misma camilla, en el mismo gajo de terreno, en el mismo purgatorio con azogue del espejo en que se mira: Manuel Rodríguez Manolete. ¿Se trata de un loco? Nada más lejos. Se trata, sobre todo, de un hombre, de un torero, de un artista, con un orgullo que no deja sitio a la vanidad, de corazón caliente y sangre fría con creces derramada. De poetas, no de paparazzis, de telediarios, de informes semanales, no de inmundos tomates. Bendito sea. Más místico que épico. Más heterodoxo que académico, con más duende, más único que nadie. En tiempos de emociones tan triviales, tan de usar y tirar, la mano izquierda de Tomás redime. Que se lo pregunten a Vicente Amigo, a Jorge Sanz, a José Ramón de la Morena y a tantos otros, incluido el sublime Morante de la Puebla, que ayer lo vio, estupefacto, como yo. A estas alturas de cantantes todo a cien, poetas muertos y controles antidoping, me queda una sola adicción y la más grave: se llama José Tomás y, como cura de todo, no tengo intenciones de curarme. Gracias, amigo. Salud, maestro. Cuídate lo justo."

(Joaquín Sabina. Desde el tendido 2)

30.8.07

El primer sueldo.

Libremente y en posesión de todas mis facultades mentales, he tomado una decisión: crear un meme. Ya que Antígona me imaginaba incapaz de responder a uno de ellos, doy una vuelta más de tuerca.

Cuando tenía quince años, harto de darme cabezazos contra unos estudios que, por entonces, me parecían insalvables, decidí ponerme a trabajar. Comencé en una fábrica metalúrgica a descargar camiones. Me levantaba a las cinco de la mañana y me enfrentaba al agotamiento de un trabajo para el que no estaba preparado. Fue una dura experiencia. Como lo son todas aquellas que nos hacen madurar.

El primer dinero que gané lo invertí en comprarle a mi madre una cubertería para la carne. No era ni lujosa ni bonita. Tenía los mangos de madera, el filo de los cuchillos de sierra, y toda mi ilusión en cada pieza. Aquel día me sentí el amo del mundo. Todavía hoy al verla, en alguna comida en la casa familiar, noto la plenitud que experimenté al entregarla. Y siento la mirada con la que mi madre, silenciosa, me agradeció el detalle.

Como marca la costumbre debo hacer partícipes a algunas personas de este meme que ahora empiezo. Me decido por Antígona –claro- por Árbol y por Ana. Las tres “As", a las que pido nos desvelen qué hicieron con su primer sueldo.

28.8.07

Weimar.

No está de más que cada cierto tiempo uno recuerde el pasado. Que mire la cara de espanto que a veces pone la historia.

Para que no olvidemos de lo que somos capaces como especie.

Aunque vomitemos.


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23.8.07

Cautivos.




Los medios de comunicación van dándonos informaciones acerca de diferentes personas secuestradas en Irak o Afganistán. Por lo general, según veo, son cooperantes o trabajadores de multinacionales que, por uno u otro motivo, decidieron libremente ir a aquellos remotos lugares.

Cuando veo sus caras, cuando indago en sus miradas desoladas, no encuentro más que angustia. Y no puedo evitar preguntarme qué pensarán durante las largas horas de su cautiverio. Imagino que el enfrentarse con ellos mismos, con las razones por las que decidieron ir hasta aquellas tierras, no debe ser fácil. Sobre todo al percibir la muerte tan próxima. Repasar los besos pendientes de dar, los abrazos pospuestos.

Y la incertidumbre, pesada como el olvido, oprimiéndoles el alma.

22.8.07

Cuatrocientas ejecuciones en el estado de Texas.

Los números redondos siempre han sido motivo de celebración. Somos una especie de manías peculiares.


Este jueves próximo se alcanzará una cifra razonable; y redonda: 400 ejecuciones en el estado de Texas desde que reimplantaron la pena capital en 1.982.


La mejor manera de enfrentarse a la muerte es mirarla a través de las estadísticas. No es lo mismo contemplar fotografías y fotografías de cadáveres en un campo de batalla, con sus cuerpos mutilados, los ojos abiertos, que analizar el impacto de dichas muertes sobre la población total de una nación. Por ello recomiendo consultar la colección de datos que aporta el Departamento de Justicia del Estado de Texas sobre los invitados al Corredor de la Muerte.
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Si uno analiza la media de la pena capital en aquel estado, llega a la conclusión de que no es para tanto: 1,333333 al mes.


Ni siquiera llega al muerto y medio.
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El jueves a la una de la madrugada de España (seis de la tarde del miércoles en Houston), una inyección letal envenenará hasta la muerte a Johnny Ray Conner. En 1998 asesinó al dueño de una tienda de alimentación durante un atraco.

21.8.07

Teléfono erótico.

Hace algunos años, cuando explotó la fiebre por los teléfonos eróticos –poco antes de que internet con sus chats se popularizara- suplí mi soledad angustiosa con algunas llamadas a aquellas voces femeninas impostadas. No fueron muchas, mi economía no me lo permitía, pero sí las suficientes para llegar a intimar con una de aquellas mujeres: Patricia. Patricia, o no.

Ella no esperaba encontrar al otro lado del hilo telefónico a una persona educada sin un interés inmediato por el sexo, por lo que no tardó en sentirse cómoda al hablar. Ya que debía ganarse su comisión, yo asumía que nuestras charlas, como en un burdel, tenían un coste, y lo pagaba encantado. Incluso tuvo el detalle, a los pocos días, de pedirme que prosiguiéramos la charla por una línea ordinaria, de la que ella no obtenía beneficio alguno. De alguna manera comenzó a mostrar alguna preocupación por mí.

Así me fui enterando de que había emigrado de Venezuela hacía unos años, de que tenía una hija de seis años y de algunas de las peculiaridades de su trabajo. Poco a poco aquellas charlas se convirtieron en imprescindibles. Fui descubriendo a una persona sensible, inteligente y bondadosa.

Unas semanas después accedió a quedar a tomar un café. Nos citamos en un bar cercano a la Glorieta de Bilbao. Yo esperé y esperé…

Cuando llegué a casa, su teléfono lo atendía una voz desconocida, fría, que no supo decirme nada sobre ella.

Angustia.

Papel doblado por la línea
en la que se desvela el misterio.

20.8.07

Fábulas y cuentos.

Nos empeñamos en pensar que la vida tiene una sola dirección, una salida posible. Que muchas de las lecciones que aprendimos de niños en los cuentos y en las fábulas no pueden tener reflejo en la realidad...


17.8.07

La gota de rocío.

A C.
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La gota de rocío
del cielo se cayó
y en ella el amor mío
la carita se lavó.

Pero era tan temprano
que no salía el sol
y se helaron las manos
y mejillas de mi amor.

Creí que las estrellas
la iban a buscar
y que en su cara bella
se ponían a jugar.

Me dijo: tengo frío,
acércame calor
y fui con tanto brío
que encendí su corazón.

Y mientras la besaba
me dijo en un temblor:
esto es lo que faltaba
para que saliera el sol.


!Oh, gota de rocío
no dejes de caer
para que el amor mío
siempre me quiera tener!

(Silvio Rodríguez; Tríptico III)


16.8.07

Un chiste.

-Papá: ¿me compras un traje claro?


-No me sale de los cojones. ¿Lo quieres más claro?

14.8.07

La estupidez humana.

A través del “blog” de Fernando Polo se accede a uno de los análisis más interesantes que he leído acerca de la estupidez.



Las leyes fundamentales de la estupidez humana



(Cipolla (1988), Allegro ma non troppo)






Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.



A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que:



a. personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;


b. día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.


Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.




No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión.



El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad. Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.

Tercera Ley Fundamental (o de Oro): una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.


El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos:

· Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.
· Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.
· Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.
· Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.


Distribución de Frecuencia:

La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás. Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:
Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde.

El poder de la estupidez:

Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:

a. generalmente el ataque nos coge por sorpresa.
b. incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.

El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.


No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.

Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y

b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.
A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables.
Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, la más conocida.

El corolario de la ley dice así:

El estúpido es más peligroso que el bandido.

La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.

El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.

Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina.

Carlo M. Cipolla (1922-2000) Historiador italiano especializado en la historia de la economía. Nacido en Pavía, estudió en la Sorbona y en la London School of Economics. Empezó a trabajar en la Universidad de Catania, en Sicilia, pasando después por las universidades de Venecia, Turín, Florencia, Pavía y Pisa. En 1959 se incorporó a la Universidad de California en Berkeley donde permaneció hasta su retiro en 1991.

Fue un autor prolífico, creativo y con diversidad de intereses. Su autoridad fue siempre reconocida en la historia económica, especialmente en la historia del dinero y de la población, pero trabajó también en la historia de la tecnología, la alfabetización y los sistemas sanitarios.

Obtuvo numerosos reconocimientos y honores, desde el doctorado honorífico en medicina por la universidad de su Pavía natal, hasta la membresía en la Royal Historical Society of Great Britain, la American Academy of Arts and Sciences, y la Accademia dei Lincei, a la que había pertenecido Galileo.

Uno de los trabajos más divulgados de Carlo M. Cipolla es su breve análisis económico, demográfico e histórico de la estupidez humana que publicó en su libro "Allegro ma non troppo" de 1988.

13.8.07

El desierto.

tienen la jodida facilidad de sacudirme la idiotez
con el infalible atizador de sus palabras,
moviéndome a salir de la apatía.
De removerme los recuerdos.
De reinventarme las ganas de contar.
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Akakús; Libia
.
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Soy de los afortunados que le han arrancado al desierto alguno de sus secretos. No deben pensar que es una tarea fácil: sabe escamotearlos entre los pliegues de su túnica con la habilidad del brujo. Y disfruta jugando con nosotros.

Me gustaría encontrar las palabras con las que ilustrar qué se siente bajo su techo, qué sensaciones sacuden al recorrer sus estancias. Pero las palabras se escapan, se diluyen. Como si, al profanar sus enigmas, hubiera sido alcanzado por una maldición.

Al reencontrase con el desierto, los primeros días uno se siente perdido. La mente mantiene el ritmo frenético de la civilización, por lo que una de las primeras exigencias que impone, el silencio, atenaza el espíritu, resquebraja los tímpanos. Los pensamientos se amontonan de forma vertiginosa.

Es a partir del tercer día, aproximadamente, cuando cuerpo, alma y espacio comienzan a adquirir una sincronía como ascética. Aquel ovillo de palabras agolpadas en la cabeza durante la búsqueda irracional de nosotros mismos, comienza a desenredarse. Y con una quietud inexplicable intuimos el camino hasta las respuestas.

Entonces las horas que se pasan en los trayectos, sentados sobre incómodos vehículos, mirando por una ventanilla indefinida, cobran todo su sentido. Y se gozan. La mirada ya no busca: se pierde en un lugar invisible situado entre cada una de las rocas, de las grietas. Y se adquiere la sabiduría de la arena.

4.8.07

Náufragos III.

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Isabel Flores (de la serie "¡Naufragio!")
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Perdidas todas las fuerzas intentando dar las últimas brazadas, exhaustos ánimo y esperanza, a más de cien mil millas de la cordura…

...siempre se alza tu pecho como un refugio entre la niebla, como un puerto seguro.

3.8.07

Náufragos II.

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Rooms by the sea (Edward Hopper, 1882-1967)
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No naufragan sólo los hombres con sus cuerpos desgastados.
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A veces arrastran vidas enteras, hogares, ambiciones, familias, utensilios, poemas, llantos, calamidades, esperanzas, sartenes, libros e infidelidades.

1.8.07

Náufragos I.

Pero el resuello enorme
pasó, rozó lentísimo, y se alejó en la noche, indiferente y sordo.
(Dámaso Alonso)



Alrededor nuestro, sobre inestables maderos que flotan a la deriva, pasan cada día varios náufragos exhaustos, recluidos en una soledad árida a quienes unas pocas palabras podrían rescatar de su amargura.

Calvin y Hobbes.


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